Implicaciones éticas II Kantianismo

Emmanuel Kant

Marta Elena Alonso de la Varga
Profesora Titular de Universidad, Departamento de Producción Animal
Universidad de León

Basada en reglas y obligaciones desarrolladas de la filosofía de Emmanuel Kant, por lo cual recibe la denominación de kantianismo, argumento contractual o deontología.

Al contrario que en el utilitarismo, en esta teoría se desliga lo acertado o erróneo de una acción de sus consecuencias y, siguiendo al filósofo alemán, el valor de un animal depende de su valor para las personas, pues no tienen intrínseco. Por ello, creen que no tenemos obligaciones directas con los animales. Se basa en la ley moral de que las personas nunca deben tratarse como medios para beneficiar a otras personas. Sin embargo, los animales sí son considerados como instrumentos para beneficio de las personas.

Sólo tenemos obligaciones morales con las personas en función de los acuerdos establecidos con ellas. La idea básica es que las obligaciones éticas derivan de acuerdos mutuos o contratos entre personas. Las obligaciones morales son similares a los términos que firmamos cuando, por ejemplo, abrimos una cuenta bancaria. Cada uno de nosotros tiene sus propios intereses y pleno derecho a perseguir los, sin utilizar a otras personas como instrumentos para ello, pero, en muchas ocasiones, nos beneficiamos de la ayuda de otros. Otros pueden encontrar interesante colaborar, siempre y cuando ellos también obtengan algún tipo de contraprestación a cambio. Así pues, la cooperación mutua es interesante para todos. Es lo mejor para todos. Cuando cooperamos establecemos acuerdos y son ellos los que implican obligaciones éticas.

Dichos acuerdos necesitan estar formalmente establecidos del mismo modo que lo están los comerciales, aunque pueden estar implícitos en el comportamiento humano. De este modo, los animales no-humanos no pueden establecer un acuerdo contractual, pues carecen del entendimiento y del control necesario para hacerlo. Como resultado, los animales no pueden crear ni tener obligaciones morales. Nosotros, no obstante, podemos tener obligaciones éticas indirectas hacia los animales, pues ellos pueden importar a otros humanos. Si tú te has comprometido con una familia a cuidar de su gato mientras ellos visitan unos familiares, tú debes hacerlo. En este caso, el gato está indirectamente protegido por tu acuerdo.

Bajo este argumento los toros, en sí mismos, no tendrían derecho a protección moral. Sin embargo, las normas y acuerdos establecidos en los distintos Reglamentos Taurinos aprobados por las diversas Comunidades Autónomas los amparan y debemos cumplir esas normas de modo que sería inmoral, por ejemplo, la manipulación de las astas, no porque vaya en contra de la integridad y dignidad del animal o porque suponga una merma de su bienestar, sino porque sería no respetar una norma establecida en el reglamento. Dada la formación recibida por la mayor parte del colectivo veterinario, tendemos a pensar que este argumento deontológico o contractual es el único existente o, en el mejor de los casos, el de mayor importancia.

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4 responses to “Implicaciones éticas II Kantianismo”

  1. Rafael Luna says :

    Señora profesora; la reglas del juego que usted ha dado son del siglo XVIII y esas reglas están caducas en el siglo XXI, sobre todo en lo que respecta al los toros que es de lo que se trata.
    La formación que recibe el colectivo veterinario depende de que la persona que quiera se instruya y sea instruida.Como sabe antes de ser veterinarios licenciados, de grado o doctores las Facultades adolecen de dar asignaturas relacionadas con el bienestar y protección animal porque ha sido tradicional en la creación de los veterinarios caducos.Una vez conseguido el título es una cuestión de ética formarse en lo que nuestro Código deontológico profesional que ud.parece desconocer y al cual no se debe sentir atada por quizá no estar colegiada nos impulsa y es pilar del mismo: La salvaguarda de la vida,la salud, la dignidad y el bienestar animal.
    Yo soy veterinario desde 1990 y de verdad le digo que no me siento atado a esta injundia de profersionales que ponen por encima su afición antes que la profesión. Lo mismo lo digo para aquellos profesores y universidades que estiman que la seña de identidad española, andaluza, de un pueblo una persona pasa por aceptar el maltrato de una animal como Cultura y tradición. Eso lo será para ud. y sus seguidores del Symposio.
    Por otra parte todos los Reglamentos taurinos y de festejos populares taurinos comienzan con las excepciones por fiestas de interés turísitico y en todas se hace mención de la prohibición de maltratar al toro poniéndole sogas, o cualquier objeto en los cuernos, etc.Hasta aquí llega la profesión veterinaria, española verdadera vergüenza de europa y del mundo.

  2. Sechu says :

    No coincido en la forma de pensar de Kant en este asunto, y explico mi razonamiento en contra de las explicaciones éticas del kantianismo sobre el trato a los animales.

    Según esta teoría el valor de un animal solo depende del valor que tenga para las personas, pues para Kant el animal no tiene valor intrínseco. He de decir que como cristiano que soy acepto y acato los mandamientos de Dios entre los cuales se encuentra el 7º que como todos sabemos significa mucho mas que un simple “no robaras”.

    Citando el 2415 del Catecismo de la Iglesia Católica “El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura. El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales.
    Los animales son criaturas de Dios que por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria. También los hombres les deben aprecio.

    Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen, o sea, nosotros los seres humanos. Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales son prácticas moralmente aceptables, si se mantienen en límites razonables y contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

    En cambio, es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales (como es el caso que tratamos, banderillas, puyas, estoques, puntillas…) y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.”

    Kant, por otra parte dice que solo hay obligaciones morales si previamente hay un acuerdo o contrato de por medio, cosa que se contradice una vez más con el humanismo cristiano para el cual las obligaciones éticas y morales no necesitan de un acuerdo o contrato previo, si no que emanan de lo mas profundo del hombre.

    El ser humano debe tratar con respeto a los animales, no igualándolos al ser humano pero si como he dicho anteriormente tratándolos de forma que no sea contrario a la dignidad humana, como puede ser torturándolos, haciéndolos sufrir innecesariamente etc.

    Se que lo que digo es políticamente correcto pero como católico que soy antepongo lo que dice la Iglesia (Ver lo que dice el catecismo 2415-2418 sobre el trato de los animales) a lo que pueda decir la tradición, que como tantas otras veces ha pasado a o largo de la historia se ha equivocado estrepitosamente.

  3. Juan Miguel Jiménez says :

    Sr. Luna

    No le voy a convencer, ni lo pretendo, ni tampoco me va a convencer Vd. con su demagogia. Sí, demagogia, v.gr.: respetamos su postura y sin embargo, para Vd. somos veterinarios caducos y crueles los que defendemos las corridas de toros.

    Quien así acusa, utiliza el contenido de una ponencia sobre Bienestar Animal en nuestro Symposium del Toro de Lidia, quizá sea eso lo que más le haya molestado, donde se expusieron las teorías generales sin más pronunciamiento, para atacar a la ponente abogando así por la abolición de las corridas de toros. Quizá su perorata disfrazada de tecnicismo empiece por camuflar que la raza de lidia por el lado del Bienestar Animal, goza desde que nace, en extensivo, apenas sin contacto con el hombre, hasta que muere, algunos en la plaza de toros, muy pocos en festejos populares y el resto, incluido las hembras, mueren en la finca o en el matadero.

    Aunque Vd. nos califique, no me atrevería a calificar a un universitario que aduciendo lo que indica sobre las corridas de toros, por el contrario olvida, prescinde o pasa, de las atrocidades que se hacen con niños indeseados a punto de nacer, los cuales son triturados u otros no nacidos aún, son muertos extrayéndoles del vientre materno o, simplemente abortados: Sólo por el “derecho” de ciertas madres a realizarlo.

    Tampoco calificaría quien oculta lo que se hace en zoos, perreras, casas domésticas con sus mascotas enclaustradas, o simplemente animalistas “humanizando” a los animales; cuestión total y absolutamente contraria al sentimiento animal. No sé quien sufre más, si un animal en una jaula, o en un salón, o un toro defendiendo su vida ante un hombre que expone la suya frente a él en una plaza de toros.

    No entraría yo a calificar aquellas personas, animalistas o lo que sean, que permiten la utilización de animales en circos, doma o estética, y en general el soguzgamiento del propio carácter animal por una aspiración egocéntrica de sus propietarios. Porque Vd. debe saber todo lo que hay detrás y no sólo lo que se muestra.

    Porque este mundo tan variopinto posee tantas actividades en las que están implicados los animales que supondrían traer aquí miles de ejemplos vejatorios para ellos: Quizá algunos heredados de ese siglo XVIII que Vd. señala retrocedemos, pero del que Vds. parten, y creo sinceramente, se han instalado. Pero más seguramente, originados en la condición del hombre, cosa que Vd. parece ocultar.

    Le veo muy preocupado por prohibir las corridas de toros, o los juegos con el toro, algunos tan crueles que efectivamente yo, defensor de las corridas, sí regularizaría para que no se les dañara innecesariamente. Pero no le veo preocupado por actividades como las que anteriormente cito. Se han querido prohibir y se han prohibido desde los Austrias y Borbones para acá, pero sólo consiguieron que el pueblo tomara como suyo aquello que en un principio solo parecía gozar la nobleza.

    Veo que su mundo parcial hedonista sin las corridas, contempla a una raza desprovista de su herencia agresiva, de acometividad, hasta que esta sea un objeto más de su obsesivo e irreal mundo animal metiéndolo en una jaula. Porque eso es en lo que se convertiría el toro, en un animal sólo explotado por granjas de diputaciones u otras entidades similares y por supuesto, carente de su condición genética innata agresiva; según su filosofía. La misma que no dice nada de la actitud animal del hombre disfrazado de sentimiento político para justificar cientos de muertos, bien sea en el país vasco o en Atocha. O de las costumbres religiosas con los animales, no vaya a ser que se cabreen los musulmanes y les arda el pelo con la ocurrencia.

    No nos vamos a convencer Sr. Luna, ni hace falta. No le obligamos a que participe. Aunque Vd. y los que son como Vd., quieran cercenar nuestra libertad. Nosotros no tocamos la suya, es más, somos escrupulosos con ella. Tal vez su progresismo consista en eso, en prohibir. Nos defendemos de su prohibición subrayando sus medias verdades, porque para el primer ejemplo que le he mencionado, hablamos de crímenes a otros seres humanos.

    Le recomiendo lea los valores humanos que tienen las corridas de toros (F. Wolf) Infórmese y luego, despotrique. Pretende también quitar mucho de nuestra historia y cultura (O, y Gasset); pero tal vez sea eso lo que le interese. Podrán prohibirlo, pero no lo erradicarán. El Parlamento catalán lo que ha hecho es prohibir la forma elevada de la Tauromaquia, como son las corridas, para dar carta de naturaleza a la más primitiva, cruel y despiadada. ¡Vea su prohibición los derroteros que lleva! Y encima, ¡Vds, aplauden! ¿Por qué no se han metido con los Parlamentarios catalanes por esa utilización tan burda del Bienestar Animal? Veo que se le ve el plumero, Sr. Luna: Ha cantado la gallina!

    Su civismo y buena intención pasa por acosar violentamente -como en Barcelona- a los que libremente deciden acudir al festejo: Insultarles, intentar agredirles o vejarles. Esa es su interpretación del Bienestar Animal.

    Finalmente, empiece Vd., Sr. veterinario moderno, por defender a su especie -la humana- del asesinato interesado de madres inconscientes a los que gobernantes irreflexivos les han otorgado el derecho de matar a sus hijos o la vejación interesada de sus congéneres, como hacen sus partidarios. Siga por dar la libertad a todos los animales, prohibiendo taxativamente la humanización y utilización de especies en cualquiera de sus vertientes antinaturales y nos sentaremos a hablar. El derecho de los animales, licenciado, no radica sólo en prohibir las corridas. Si Vds. entienden lo que es hablar, hablamos. Y con sinceridad; no con demagogia. Y de todo; no sólo de prohibir las corridas de toros. ¡Ah! Y sin violencia.

    Juan M. Jiménez.

  4. Coleter says :

    Posturas encontradas para un tema sin solución. ¿Qué tal la “entente cordiale” que tan buenos resultados nos ha dado a los españoles cuando la hemos practicado?

    Kantianos y sofistas; hedonistas o aristotélicos; ortegianos o platónicos. Pensaron, escribieron y dijeron. ¿Que gusta más el rojo o el verde?

    Al final podrá ser la prohibición ¿Y de qué servirá? O mantendremos los toros ¿molesta tanto a quien no va?

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