Implicaciones éticas III Derechos de los animales

Tom Regan

Marta Elena Alonso de la Varga
Profesora Titular de Universidad, Departamento de Producción Animal
Universidad de León

Esta teoría, desarrollada por Tom Regan, establece que tanto humanos como animales merecen protección moral, pues ambos tienen valor intrínseco y son capaces de experimentar sentimientos. El valor de los animales no depende de su utilidad o su significado para el hombre. Sin tener en cuenta si tienen o no capacidad para razonar, todos los seres capaces de “sentir” no deben ser utilizados como medios para beneficiar a otros. Este argumento está extrapolado del kantianismo, pero Regan incluye a los animales en su versión: ‘Los animales de laboratorio no son nuestros probadores, nosotros no somos sus reyes’.

No obstante, Regan clasifica el valor inherente en función de ciertas propiedades, como creencias, deseos e intenciones. Los animales que poseen un nivel bajo en estas propiedades, tienen menos valor inherente y merecen menor protección moral.

Los defensores de los derechos de los animales se oponen al utilitarismo. Creen que hay reglas éticas fijas que ponen límites a nuestro trato hacia los animales: hay ciertas cosas que no estamos autorizados a hacer a los animales cualesquiera que sean las circunstancias o los beneficios que emanen de ellas. Esta idea de una prohibición no-negociable, es lo que habitualmente se quiere decir cuando se habla de “derechos de los animales”.

Sin embargo, una cosa es decir que los animales tienen derechos y otra decidir cuáles son esos derechos. Esto significa que el argumento de los derechos de los animales se presenta en formas más o menos radicales. Los defensores más extremos de los derechos de los animales mantienen que estos tienen derechos iguales a los humanos. Obviamente, este punto de vista excluiría derechos únicamente humanos como pudiera ser la libertad de expresión. No obstante, incluye el derecho a no ser asesinado en beneficio de las personas (excepto en defensa propia).

En el otro lado, la reclamación puede ser que los animales tienen derecho a ser tratados “con respeto” o “humanamente”, es decir, nosotros no debemos hacer daño evitable a los animales. Los defensores más débiles de esta teoría no necesitan descartar la cría de ganado y el sacrificio de especies domésticas.

La posición de los defensores de los derechos de los animales con respecto a la producción y utilización de toros de lidia sería claramente abolicionista, no considerando moralmente aceptable el uso de animales para disfrute humano en ningún caso. Los más extremistas con modos de vida vegetarianos estrictos consideran igualmente inaceptable matar animales para comer su carne o por el valor estético de su lidia. Sin embargo, contrarrestar el ataque de aquellos que mantienen posiciones más débiles (comen carne y productos derivados de los animales) resultaría sencillo, pues ¿cuál es su argumento para demostrar que la utilización de unos animales para disfrute humano estaría justificada y la de otros no? En estas personas muchas veces encontramos una doble moral que aplican en función de sus intereses.

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